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Desde hace unos años vengo estudiando y experimentando junto a Laurence Bender con algoritmos
evolutivos. Por lo que me interesan las formas emergentes que ponen en evidencia una serie de
relaciones que por ser locales (actividad en teclados) y dispersas (actividad en diferentes áreas el
museo como curaduría, producción, montaje, etc.) , no puedan ser abordadas en su manifestación
global. Estas formas me interesan en tanto generadoras de "conocimiento" de un espacio.
La
instalación propone una percepción distinta del espacio que habitamos y las acciones que
desplegamos en interdependencia con él. De modo que la obra, pensada como un dispositivo
experimental, genera un "saber" sobre el propio espacio.
El espacio en el que trabaja el personal del museo difiere del que visita el público. La posibilidad de
conjugar estas dos esferas como experiencia estética nos permite reconfigurar nuevas relaciones
entre ellas. La trama institucional sostiene la categoría de arte alejada de la praxis vital.
Precisamente por eso poner el acento en el trabajo que se lleva a cabo dentro del museo evidencia
que se trata de un espacio social. La esfera mundana se torna materia prima para el arte.
Uno de los aspectos mas interesantes ocurrió cuando las personas que
trabajan en el Museo bajaban al espacio de la instalación para percibir el
ritmo de trabajo de sus compañeros, despertando gran expectativa y sorpresa al escuchar
y ver la actividad de las distintas áreas del museo. Inmediatamente construían
una experiencia muy diferente de la vida de cada espacio que ellos mismos
habitaban a cotidiano. Se sorprendían o reconocían.
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